Hay una forma de demostrarle a tu jefe que se equivocó al prescindir de ti

tocado+hundidoHe presenciado en muchas ocasiones algunos despidos de comerciales o directivos, donde la persona despedida, en ese último café o copa con los compañeros pronuncia las típicas frases de: “se van a enterar”, “son unos inútiles”,  “sin mí no son nada…” y todo tipo de frases que hablan sobre lo mucho que se ha equivocado la empresa al despedir a esa persona. Luego pasan los meses y los años, y todo queda en nada.

Si quieres demostrar cómo se ha equivocado la empresa a la hora de prescindir de ti, olvida las palabras y hunde la empresa. Sal de forma elegante, con honor, despidiéndote con agrado, pero hunde esa empresa, quítales todo aquello que les has dado, todo aquello que te pertenece, pero de una forma elegante y evidentemente, de una forma legal y ética. Con tu trabajo. Deberás trabajar el doble si realmente quieres demostrar tu valía, y tu valía únicamente se demuestra cuando en tu antigua empresa se arrepienten cada día por el resto de los días hasta su quiebra. ¿Es posible hacerlo?, yo lo he visto en algunas ocasiones. Y ojo, no hablamos de rencor o de hacer daño porque sí, ya que estamos dando por hecho, que con el hundimiento de la empresa, nosotros nos beneficiamos y en nuestra nueva empresa nos convertimos en una bendición para el futuro de la compañía.

Esta es la historia que os puedo contar.

Para mí, el mundo comercial es como un juego de ajedrez, donde la competencia mueve sus piezas, tú las tuyas y gana aquel que mejor estrategia haya elaborado.

Hace muchos años me incorporé a una empresa como Delegado Comercial en una nueva sección, una sección en la que iba a tener muy pocos amigos, ya que debía hacer la transición entre el modelo de negocio antiguo de la empresa y el nuevo modelo, con nuevos clientes y nuevos servicios. Entré con la condición de hacerlo a mi manera y sin que nadie tuviera la potestad u osadía de inmiscuirse en mi forma de hacer las cosas. Así me aseguraría de que nadie se interpondría en mi éxito o en mi fracaso. Todo dependería de mí para bien o para mal. Asumiría ambos posibles resultados sin problema.

El día que llegué la facturación anual de la sección era de unos 75.000€. Ese era el pico histórico de facturación que habían alcanzado los anteriores delegados en esa sección. Tras dejarme la piel por aquella empresa, trabajando más de 16 horas diarias, ganándome enemigos por todos los rincones de la empresa, e incluso costándome la relación que en aquel entonces tenía, conseguimos elevar la facturación por encima del millón de euros en poco más de 15 meses.

Mi propósito era seguir creciendo e incluso duplicar la facturación, pero aquel acuerdo que teníamos de hacer las cosas a mi manera, comenzó a romperse por parte del Gerente de la compañía, el cual comenzó a tomar decisiones que bajo mi punto de vista afectaban al futuro de aquella sección que tanto esfuerzo, sudor y kilómetros nos costó levantar.

No hubo agradecimientos, ni subida de sueldo, incluso hubo incumplimiento en condiciones económicas en base a comisiones, y tampoco le dí demasiada importancia al considerar que estábamos construyendo algo grande.

En algún momento del camino, aquel Gerente decidió que otra persona podría encargarse de todo aquello que había construido, y me enteré de que iba a ser canjeado por una persona de la competencia. Eso sí, la empresa, aparentemente no quería que me fuera, pero quería quitarme lo que me pertenecía: mi trabajo, mis clientes, mi creación y todo mi esfuerzo. ¿De verdad no querían que me fuera o querían mantenerme allí durante algún tiempo para que no trabajara en la competencia?.

Antes de irme quería “quemar mi último cartucho”, por lo que subí al despacho del dueño de la empresa para explicarle lo que estaba ocurriendo. Únicamente le dije: “Hemos trabajado mucho para conseguir lo que hemos conseguido, y es una lástima tirarlo por la borda ahora”.

El dueño de la empresa, una persona que siempre me alabó en las reuniones a nivel nacional, únicamente me dijo que él no podía hacer nada, que no podía entrometerse en las decisiones de su Gerente, y que lo sentía.

Es uno de esos momentos en los que te sientes como una mierda, te sientes traicionado y vendido. Aún así, siguiendo los consejos de personas a las que respeto, me despedí con estilo y elegancia del dueño de la empresa: “ha sido un placer trabajar en esta empresa”.

En ese mismo momento anuncié mi salida de la empresa y me dirigí a la competencia. Precisamente para trabajar, a los 5 días, irónicamente, con el antiguo jefe de la persona que me había sustituido.

Puede sonar a prepotencia, pero soy muy bueno en lo que hago. Por eso lo hago, y dicen que los negocios, negocios son, y no hay que convertirlo en algo personal. En mi caso particular, si además de negocios es algo personal, difícilmente habrá obstáculo que consiga detenerme.

Fue más fácil de lo que imaginé.

Pensé que me llevaría mucho tiempo conseguir lo que era mío, pero en tan solo 3 meses conseguí el sueño de todo directivo comercial: traerme absolutamente todos los clientes, sin excepción, que hice en mi anterior empresa.

Recuerdo que había estado dudando si traerme también a 2 clientes malos pagadores o dejárselos a ellos. El nuevo Gerente me dijo que se los dejara, y recuerdo que le respondí: “No quiero que tengan oportunidad de encender la máquina de la fábrica ni que los transportistas hagan ni un solo kilómetro.”

En el arte de la guerra aplicado a los negocios, no te conformes con dejar tocado a tu enemigo. Cuando está débil, hay que terminar de masacrarlo para evitar que vuelva. Y eso hicimos.

La persona que me sustituyó fue despedida a los 6 meses, el Gerente que tuvo la idea de prescindir de mí, también fue despedido seguidamente, y con deshonor, ya que no tuvo una salida elegante de la empresa. La sección para la que un día entré, y que supuestamente sería el futuro de la empresa, se cerró, y la empresa entró en concurso de acreedores más adelante (eso ya no fue cosa mía, sino por un cúmulo de cosas).

Algunas cosas curiosas.

De vez en cuando veo a ese antiguo Gerente. Yo le saludo amablemente, pero él no me responde al saludo, a pesar de que yo no le he hecho nada malo, todo lo contrario. Soy yo el que debería estar enfadado.

En cambio, cuando me encuentro con el dueño de la empresa, mantiene un trato cordial conmigo, e incluso muestra cierto arrepentimiento. Lo cierto es que es un gran empresario, pero como tantos otros empresarios, no comprendió que el éxito en los negocios depende de la calidad de las personas que te rodeas. Él, en cierto modo se rodeó de payasos, y por eso aquello acabó como un circo.

Moraleja:
Estoy seguro de que podéis sacar muchas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s